Durante décadas, la Plaza del Ayuntamiento de Alicante ha sido, a la vez, el corazón institucional de la ciudad y una rotonda con nombre solemne por la que circulaban coches, autobuses y taxis a apenas unos metros de la fachada barroca del consistorio. Eso está a punto de terminar. El Ayuntamiento ha dado ya los pasos legales y presupuestarios para eliminar de forma definitiva el tráfico rodado frente a su propia sede, un proyecto que llevaba años sobre la mesa y que ahora, por fin, tiene fecha, dinero y estudios técnicos en marcha.
La primera restricción real ya está en vigor desde el 7 de enero de 2026: por la plaza solo pueden pasar autobuses urbanos y taxis, con los vehículos privados, los VTC y los autocares discrecionales expulsados de ese tramo. La medida llegó acompañada de señalización vertical y horizontal, cámaras de vigilancia y agentes de la Policía Local regulando el acceso, y obligó a desviar el tráfico particular hacia la Ronda del Castillo y la avenida Doctor Gadea, en el frente litoral. No fue una decisión aislada: la plaza había permanecido cerrada meses antes por el desprendimiento de una cornisa del edificio consistorial en octubre de 2024, un episodio que aceleró un debate que en Alicante llevaba abierto desde la etapa de gobierno de PP y Ciudadanos.
Del corte provisional al proyecto definitivo
Lo que hasta ahora era una restricción de tráfico dio un salto de categoría el 29 de junio de 2026, cuando el pleno municipal aprobó de forma definitiva una modificación de crédito de 3.526.400 euros que incluye, entre otras partidas, la ejecución de las obras para peatonalizar por completo la Plaza del Ayuntamiento. El paquete presupuestario salió adelante con los votos a favor de PP y Vox, mientras que PSOE, Compromís y EU-Podemos votaron en contra: los socialistas reprocharon al gobierno municipal que el proyecto se queda corto frente a la ambición del plan que impulsó en su día Ciudadanos, y Compromís lamentó la falta de una estrategia de peatonalización más amplia para todo el centro histórico. Desde el equipo de gobierno han respondido que no quieren repetir soluciones «de macetero», en referencia a intervenciones simbólicas de anteriores mandatos, y que prefieren una reforma integral del espacio antes que gestos cosméticos.
El concejal de Movilidad Urbana, Carlos de Juan, ha defendido el proyecto como parte de un modelo más amplio de recuperación de espacio peatonal en el centro de la ciudad: «Alicante avanza con estos trabajos para peatonalizar de forma definitiva la plaza de la sede consistorial», ha explicado, enmarcando la actuación dentro de lo que describe como un proceso continuo «para ganar espacios de paseo para las personas».
Qué analizan los estudios técnicos antes de retirar el asfalto
Eliminar por completo la circulación frente al Ayuntamiento no es tan sencillo como colocar unas jardineras: exige rediseñar cómo se mueve el tráfico por todo el entorno. Por eso el consistorio ha puesto en marcha un estudio de tráfico y movilidad, con un plazo de trabajo de cuatro meses, que analiza la posible peatonalización de la calle Altamira —la vía que da acceso directo a la fachada— y su impacto sobre toda la red viaria básica del centro: Jorge Juan, la Rambla de Méndez Núñez, Alfonso el Sabio, Jaime II, el Paseo de Mártires, la avenida de Loring, la plaza Canalejas, Ramón y Cajal, Gadea y el acceso por Pintor Aparicio. El trabajo incluye microsimulaciones de las intersecciones más afectadas, estimaciones de tiempos de viaje, congestión y emisiones, y una revisión de las zonas de carga y descarga y de las rutas de recogida de residuos en la zona.
En paralelo, otro contrato técnico aborda la reordenación de las líneas y paradas de autobús urbano que hoy atraviesan la plaza, incluyendo posibles soluciones para que el transporte público siga circulando por la avenida de la Rambla sin necesidad de pasar por delante del edificio consistorial. El objetivo final del rediseño, según ha trasladado el propio Ayuntamiento, es lograr «un diseño homogéneo» para toda la plaza, suprimiendo la calzada actual pero conservando los surtidores ornamentales que hoy forman parte de su fisonomía.
El calendario que maneja el consistorio apunta a que las obras de peatonalización arranquen antes de que termine 2026, aunque todavía no se ha fijado una fecha de finalización de los trabajos ni un diseño definitivo del nuevo espacio. Lo que sí está claro es que la plaza que durante años combinó coches y turistas a partes iguales está a punto de convertirse, por fin, en lo que ya empieza a ser sobre el papel: un espacio pensado para caminar, no para aparcar ni para pasar de largo.
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