Hay carreteras que sirven para llegar a un sitio y hay carreteras que son, en sí mismas, el destino. La AS-114, en pleno corazón de los Picos de Europa, pertenece claramente a la segunda categoría. Desde Arenas de Cabrales hasta Sotres apenas hay una veintena de kilómetros, pero el trayecto obliga a ir despacio, ventanilla bajada, porque a cada curva el desfiladero se estrecha un poco más y el vacío bajo el asfalto se hace un poco más evidente.
El primer tramo, de Arenas de Cabrales a Poncebos, discurre encajonado junto al río Cares, en el punto donde el agua ha excavado durante milenios una garganta de paredes de caliza casi verticales, la misma que más adelante da nombre a la célebre Ruta del Cares, la «garganta divina» que cada año recorren a pie miles de senderistas entre Poncebos y Caín. La carretera y el río avanzan prácticamente pegados, y no es raro tener que parar en algún ensanche para dejar pasar a otro coche, porque el desfiladero no deja mucho margen para dos sentidos de circulación.
De Poncebos a Sotres: el río cambia, la carretera sigue subiendo
En Poncebos ocurre algo que pocos conductores notan al pasar: es ahí donde el Cares, ya a punto de calmarse en la pequeña presa del pueblo, recibe las aguas del río Duje, que baja desde Sotres tras recorrer 18 kilómetros de montaña. A partir de ese momento, la carretera abandona el cauce del Cares y empieza a trepar junto al Duje, atravesando pequeños túneles horadados a mano en la roca y dejando atrás el valle de Tielve, a unos 700 metros de altitud, antes de encarar la última subida hacia Sotres. En Poncebos, además, arranca el teleférico que sube hasta Bulnes, el pueblo sin acceso rodado que sigue viviendo colgado de la ladera, una excursión que muchos aprovechan para combinar con la propia carretera.
Los últimos kilómetros hasta Sotres son los más espectaculares y, también, los más lentos: la carretera gana altura de forma constante entre praderas de puerto y paredes rocosas como las de Peña Maín, que supera los 1.500 metros, hasta desembocar en un pueblo que parece colgado del propio Macizo Oriental de los Picos de Europa.
Sotres, el pueblo más alto de Asturias
Sotres corona el recorrido a 1.050 metros de altitud, lo que lo convierte en el núcleo habitado más elevado de toda Asturias. Apenas un centenar de vecinos resisten aquí los inviernos, en un pueblo que en 2024 recibió el premio Pueblo Ejemplar de Asturias, otorgado por la Fundación Princesa de Asturias, por haber sabido mantener viva una ganadería extensiva de alta montaña combinada con una industria agroalimentaria de calidad y con el turismo. Esa industria tiene nombre propio: el queso de Cabrales con Denominación de Origen Protegida, que aquí se elabora de forma artesanal y madura durante meses en cuevas naturales excavadas en la caliza, algunas de ellas premiadas como mejor queso de Cabrales del año en más de una ocasión.
Llegar hasta aquí en coche, con el desfiladero del Cares a la espalda y el Duje serpenteando bajo las últimas curvas, es la mejor manera de entender por qué esta carretera se ha ganado fama de ser una de las más bonitas de España: no hay mirador ni cámara que sustituya la sensación de conducir metida entre esas paredes de piedra, con los Picos de Europa asomando al fondo en cada recta.
Eso sí, conviene no tener prisa. Es una carretera de montaña estrecha, con curvas cerradas y tramos de un solo carril donde hay que ceder el paso al primero que llega al ensanche, así que en pleno verano, cuando coinciden coches, autocaravanas y el trasiego de senderistas que bajan hacia Poncebos tras hacer la Ruta del Cares, el ritmo se vuelve inevitablemente lento.
Quien pueda, mejor evitar las horas centrales del día en temporada alta y aprovechar para hacer noche en Sotres o en alguno de los pueblos del camino: al final, esta no es una carretera para tachar de una lista, sino una de esas rutas que ganan cuanto más despacio se recorren, con alguna parada de más para mirar el desfiladero, probar el queso de Cabrales recién curado en las cuevas del pueblo o, simplemente, dejar que el coche se enfríe mientras el Duje sigue bajando camino de Poncebos.
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